El día de tu nacimiento
Mi querida Marta:
cuando te miro no deja de maravillarme lo bien que ha ido todo. Ya estás aquí, entre nosotros, después de 9 meses ya podemos disfrutar de tu carita y de ese aire de felicidad que te envuelve.
Si hijita, sí, nacistes por fin el pasado martes 23 de Noviembre a las 4.40 de la mañana. Sé que habíamos ensayado mucho la forma y el lugar de tu nacimiento, pero cuando naciste me quedé maravillada de lo real que había sido ese ensayo, de que todo hubiese salido tal y como tu padre y yo habíamos deseado.
Todo empezó el pasado domingo 21 de noviembre, empezaste a decirme que ya empezabas a tener ganas de salir. Yo al principio no me lo podía creer, creía que tus mensajes no era más que mi propio subconsciente que me estaba engañando tan sólo por las ganas que tenía de verte. El domingo, pasó, y tu me ibas diciendo, "que ya quiero venir mami, prepárate". Toda la noche del domingo la pasé levantándome a cada hora, no me lo podía creer, esta vocecita seguí ahí, y seguía insistiendo: "Mami, que vengo, que ya tengo ganas de salir" y yo tontorrona de mí aún no me lo podía ni creer. Esa misma madrugada tu papa, tenía que irse de viaje, y si quieres que te diga la verdad dudamos mucho si había tiempo de que se fuera y volviera aquel mismo día o de si debía quedarse conmigo por si nacías. Al final le insistí que lo mejor era que se fuera, pues "creía que todo tardaría un poquito más".
El lunes por la mañana, a lo tonto las contracciones que parecía que habían sido bastante alejadas las unas de las otras empezaron a juntarse y a regularizarse. Hacia las 10.30 empezaban a aparecer cada 30 minutos, y yo seguía sin creermelo, más bien, seguía sin querer decirlo en voz alta, porque estaba tan contenta de ver que el momento de tu nacimiento se iba acercando que creia que si lo decía en voz alta todo se disiparía, y desaparecería ese momento. Fue divertido, porque sobre esa hora recuerdo estar reunida en seisgrados con Beto y con el Berru, teníamos que resolver todavía unas cosillas del despacho, y yo cabezota de mi lo quería finalizar antes de ir al hospital, recuerdo decirle al Berru cada 30minutos que me disculpase, que tenía que levanterme y hacer unos ejercicios, y el otro me preguntaba, "pero ¿estabas bien?" y yo decirle que sí, que tan sólo tenía contracciones porque iba de parto. Tenías que ver Martita la cara que puso de miedo, en ese momento empecé a ver que la cosa empezaba a ser real, y que muy prontito te vería entre nosotros.
Por la tarde, estuve en casa de los Abuelos no, fuimos a tomar un chocolate deshecho con Pitusa y con la Abuela Marcela. Ibamos de celebración, celebrábamos que íbamos de parto (je, je, si llego a saber que al cabo de unas 8 horas te tendría entre mis brazos me parece que me lo hubiese tomado de otra forma). Más tarde estuve caminando como unas 2 horas, vino la tia Chiqui y se emperró a llevarme de compras y yo notando que las contracciones se iban acortando y que la cosa se ponía fea.
Fue divertido, porque recuerdo que hacia las 8 de la tarde, las contracciones empezaron a acortarse cada 3 minutos, y empezaban a ser bastante dolorosas, así que estando en casa de los Abuelos no, decidimos que íbamos de parto, cogimos tu bolsita y nos fuimos hacia el hospital. El abuelo no, en moto, y la Abuela Marcela, la tia Chiqui y la tia Pitusa en el coche conmigo. Nos reímos bastante, porque la tia Pitusa iba al volante y estaba tan nerviosa que se pasó la entrada del Hospital. A todo esto tu padre todavía en Málaga, aterrizaba a las 9 y yo creía que se lo íba a perder todo.
Una vez en el hospital, en Urgencias nos atendieron muy amablemente. Allí conocí a Paloma la que iba a ser nuestra comadrona en el momento del parto, y fue ella quien a las 10 de la noche nos mandaba de vuelta a casa. Nos habíamos precipitado, sí el mensaje era correcto, tu hora de nacimiento se aproximaba pero por el tipo de parto que queríamos tener debíamos volver a casa y esperar.
Y así hicimos. Tu papa acababa de llegar a la Teknon, me subió al coche y nos fuimos para casa a esperar. ¡No veas que momento!. Las contracciones empezaron a acortarse todavía más, y el dolor de éstas a intensificarse. Pero tu mi niña, lo hiciste muy bien, siempre siguiendo las lucecitas rosas, no te pusiste nerviosa.
Hacia las 2 de la mañana rompimos aguas, y la excitación de tu padre y mía fue tal que fue en ese momento cuando supimos que ya faltaba menos para verte. Hacia las 3 de la mañana, ya no podía mas, el dolor era tan intenso que le dije a tu padre que debíamos ir al hospital, que necesitaba hablar con la comadrona para que me ayudase. Papa, muy tranquilote el tio, cogió todos nuestros trastos y los cargó en el coche, me ayudó a subir, y nos dirigimos a la clínica. Sí hijita sí, tal y como siempre había soñado, ir a la clínica de noche, cuando todavía era oscuro, cuando todavía no había nadie en la calle, para poderte recibir en un ambiente tranquilo y sin ruido.
Ya en el coche empecé a notar que tu cabecita iba asomando, así que papa se puso las pilas para llegar rápido, muy rápido. No le dió tiempo ni aparcar el coche al llegar, saltamos del coche, corrimos como pudimos por urgencias, y unos señores nos subieron corriendo a una camilla para entrar vestidos en la sala de partos. A papa lo vistieron de azul, con gorrito y todo, y a mama la pusieron cómoda estiradita en una camilla. La doctora no tardó en llegar, la comadrona no dejó de cogerme la manita durante todo el rato y a decirme cosas dulces, y si nuestra entrada triunfal en la clínica se producía a las 4 de la mañana, tu venías a este mundo a las 4.40. Y tal y como habíamos deseado sin epidural y sin episotomía.
Recuerdo cuando te pusieron encima mía, llena de esa grasita que os envuelve y os protege. En ese momento, y tal y como te había prometido, te dije: "lo ves mi niña, siempre siguiendo las lucecitas rosas, y al final de todo tu papi y yo".
Quiero decirte que ha sido la experiencia más maravillosa que he tenido en mucho tiempo, que he tenido la suerte de poderla vivir en compañía de mi amor, tu papi Marc, que me ha ayudado mucho en todo momento y que creyó en todo momento en que la experiencia merecía la pena.
Ahora cuando te miramos se nos cae la baba, creemos que hemos conseguido aquello para lo que nos hemos preparado durante estos 9 meses: un parto sin violencia, dentro de una ambiente íntimo y reservado para los que te quieren.
Sólo espero que el día de mañana cuando leas este diario, veas lo mucho que te hemos estado esperando y cómo nos fuimos preparando para recibirte en este mundo tan bonito.
Te quiere mi querida Habichuela,
Mamma Curra
cuando te miro no deja de maravillarme lo bien que ha ido todo. Ya estás aquí, entre nosotros, después de 9 meses ya podemos disfrutar de tu carita y de ese aire de felicidad que te envuelve.
Si hijita, sí, nacistes por fin el pasado martes 23 de Noviembre a las 4.40 de la mañana. Sé que habíamos ensayado mucho la forma y el lugar de tu nacimiento, pero cuando naciste me quedé maravillada de lo real que había sido ese ensayo, de que todo hubiese salido tal y como tu padre y yo habíamos deseado.
Todo empezó el pasado domingo 21 de noviembre, empezaste a decirme que ya empezabas a tener ganas de salir. Yo al principio no me lo podía creer, creía que tus mensajes no era más que mi propio subconsciente que me estaba engañando tan sólo por las ganas que tenía de verte. El domingo, pasó, y tu me ibas diciendo, "que ya quiero venir mami, prepárate". Toda la noche del domingo la pasé levantándome a cada hora, no me lo podía creer, esta vocecita seguí ahí, y seguía insistiendo: "Mami, que vengo, que ya tengo ganas de salir" y yo tontorrona de mí aún no me lo podía ni creer. Esa misma madrugada tu papa, tenía que irse de viaje, y si quieres que te diga la verdad dudamos mucho si había tiempo de que se fuera y volviera aquel mismo día o de si debía quedarse conmigo por si nacías. Al final le insistí que lo mejor era que se fuera, pues "creía que todo tardaría un poquito más".
El lunes por la mañana, a lo tonto las contracciones que parecía que habían sido bastante alejadas las unas de las otras empezaron a juntarse y a regularizarse. Hacia las 10.30 empezaban a aparecer cada 30 minutos, y yo seguía sin creermelo, más bien, seguía sin querer decirlo en voz alta, porque estaba tan contenta de ver que el momento de tu nacimiento se iba acercando que creia que si lo decía en voz alta todo se disiparía, y desaparecería ese momento. Fue divertido, porque sobre esa hora recuerdo estar reunida en seisgrados con Beto y con el Berru, teníamos que resolver todavía unas cosillas del despacho, y yo cabezota de mi lo quería finalizar antes de ir al hospital, recuerdo decirle al Berru cada 30minutos que me disculpase, que tenía que levanterme y hacer unos ejercicios, y el otro me preguntaba, "pero ¿estabas bien?" y yo decirle que sí, que tan sólo tenía contracciones porque iba de parto. Tenías que ver Martita la cara que puso de miedo, en ese momento empecé a ver que la cosa empezaba a ser real, y que muy prontito te vería entre nosotros.
Por la tarde, estuve en casa de los Abuelos no, fuimos a tomar un chocolate deshecho con Pitusa y con la Abuela Marcela. Ibamos de celebración, celebrábamos que íbamos de parto (je, je, si llego a saber que al cabo de unas 8 horas te tendría entre mis brazos me parece que me lo hubiese tomado de otra forma). Más tarde estuve caminando como unas 2 horas, vino la tia Chiqui y se emperró a llevarme de compras y yo notando que las contracciones se iban acortando y que la cosa se ponía fea.
Fue divertido, porque recuerdo que hacia las 8 de la tarde, las contracciones empezaron a acortarse cada 3 minutos, y empezaban a ser bastante dolorosas, así que estando en casa de los Abuelos no, decidimos que íbamos de parto, cogimos tu bolsita y nos fuimos hacia el hospital. El abuelo no, en moto, y la Abuela Marcela, la tia Chiqui y la tia Pitusa en el coche conmigo. Nos reímos bastante, porque la tia Pitusa iba al volante y estaba tan nerviosa que se pasó la entrada del Hospital. A todo esto tu padre todavía en Málaga, aterrizaba a las 9 y yo creía que se lo íba a perder todo.
Una vez en el hospital, en Urgencias nos atendieron muy amablemente. Allí conocí a Paloma la que iba a ser nuestra comadrona en el momento del parto, y fue ella quien a las 10 de la noche nos mandaba de vuelta a casa. Nos habíamos precipitado, sí el mensaje era correcto, tu hora de nacimiento se aproximaba pero por el tipo de parto que queríamos tener debíamos volver a casa y esperar.
Y así hicimos. Tu papa acababa de llegar a la Teknon, me subió al coche y nos fuimos para casa a esperar. ¡No veas que momento!. Las contracciones empezaron a acortarse todavía más, y el dolor de éstas a intensificarse. Pero tu mi niña, lo hiciste muy bien, siempre siguiendo las lucecitas rosas, no te pusiste nerviosa.
Hacia las 2 de la mañana rompimos aguas, y la excitación de tu padre y mía fue tal que fue en ese momento cuando supimos que ya faltaba menos para verte. Hacia las 3 de la mañana, ya no podía mas, el dolor era tan intenso que le dije a tu padre que debíamos ir al hospital, que necesitaba hablar con la comadrona para que me ayudase. Papa, muy tranquilote el tio, cogió todos nuestros trastos y los cargó en el coche, me ayudó a subir, y nos dirigimos a la clínica. Sí hijita sí, tal y como siempre había soñado, ir a la clínica de noche, cuando todavía era oscuro, cuando todavía no había nadie en la calle, para poderte recibir en un ambiente tranquilo y sin ruido.
Ya en el coche empecé a notar que tu cabecita iba asomando, así que papa se puso las pilas para llegar rápido, muy rápido. No le dió tiempo ni aparcar el coche al llegar, saltamos del coche, corrimos como pudimos por urgencias, y unos señores nos subieron corriendo a una camilla para entrar vestidos en la sala de partos. A papa lo vistieron de azul, con gorrito y todo, y a mama la pusieron cómoda estiradita en una camilla. La doctora no tardó en llegar, la comadrona no dejó de cogerme la manita durante todo el rato y a decirme cosas dulces, y si nuestra entrada triunfal en la clínica se producía a las 4 de la mañana, tu venías a este mundo a las 4.40. Y tal y como habíamos deseado sin epidural y sin episotomía.
Recuerdo cuando te pusieron encima mía, llena de esa grasita que os envuelve y os protege. En ese momento, y tal y como te había prometido, te dije: "lo ves mi niña, siempre siguiendo las lucecitas rosas, y al final de todo tu papi y yo".
Quiero decirte que ha sido la experiencia más maravillosa que he tenido en mucho tiempo, que he tenido la suerte de poderla vivir en compañía de mi amor, tu papi Marc, que me ha ayudado mucho en todo momento y que creyó en todo momento en que la experiencia merecía la pena.
Ahora cuando te miramos se nos cae la baba, creemos que hemos conseguido aquello para lo que nos hemos preparado durante estos 9 meses: un parto sin violencia, dentro de una ambiente íntimo y reservado para los que te quieren.
Sólo espero que el día de mañana cuando leas este diario, veas lo mucho que te hemos estado esperando y cómo nos fuimos preparando para recibirte en este mundo tan bonito.
Te quiere mi querida Habichuela,
Mamma Curra

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